Presentación
Esta nueva herramienta, que aportará elementos fundamentales para la conservación y restauración de la vegetación natural del territorio colombiano, especialmente a la hora de trazar planes de desarrollo locales y regionales, fue presentado por el profesor Jesús Orlando Rangel, investigador del ICN y director científico del proyecto.
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La historia del Instituto Nacional de Ciencias Natural comienza con la creación del Departamento de Botánica, en 1936, por iniciativa del profesor Enrique Pérez Arbeláez, quien había rescatado las colecciones de José Jerónimo Triana, para conformar el herbario nacional.
En 1939, el Departamento de Botánica es renombrado como Instituto de Botánica y en 1940, se le denomina Instituto de Ciencias Naturales, que se ha constituido en referente para el país y el mundo del conocimiento de la biodiversidad y de la investigación científica.

El director del ICN, profesor Miguel Gonzalo Andrade, hace un recuento de la trayectoria del Instituto y de los grandes aportes al estudio de la biodiversidad en Colombia, especialmente las investigaciones en taxonomía(línea tradicional) y los giros en ecología, diversidad y conservación, El Instituto lidera y publica revistas como Caldasia, y series especializadas José Jerónimo Triana, y Colombia Biodiversidad Biótica y las guías de campo.


El mapa de vegetación natural le permitirá al país determinar cuáles son las especies más aptas para recuperar, restaurar o rehabilitar las cerca de 24 millones de hectáreas que han perdido su cobertura original por causa de la deforestación, la ampliación de la frontera agrícola y los desastres naturales, entre otros fenómenos.
El proyecto surgió como una de las metas del Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022, en el que se planteó, entre los grandes retos del país, la restauración de 301.900 hectáreas.
Dicho logro se enmarcó en otra meta sombrilla que contempla la conservación de 701.900 hectáreas, en las cuales se pueden impulsar sistemas agroforestales y silvopastoriles, entre otras estrategias que atienden a la Década de la Restauración convocada por la Organización de Naciones Unidas, como un desafío para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Así lo explica Carlos Andrés Suárez Méndez, funcionario de la Dirección de Bosques, Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos del MADS y vinculado a esta iniciativa, por medio de la cual se espera ofrecer información detallada y completa -documentada en la historia y registrada en exploraciones de campo- sobre la vegetación nativa del territorio colombiano, lo que le permitirá a las autoridades ambientales, nacionales y regionales, contar con una hoja de ruta a la hora de planear el desarrollo de sus respectivas regiones, ya sea en materia de obras de infraestructura, modelos agroecológicos o proyectos industriales.
En su opinión, se trata de un gran aporte interinstitucional y de una valiosa información en términos científicos, ya que se compila todo el registro de la vegetación existente en el territorio nacional. “Es una verdadera hazaña disponer de toda la información en un país tan biodiverso como Colombia, poder analizar una especie y sus asociaciones con otras.

“En jornadas de recuperación o reforestación, tradicionalmente se utilizan especies nativas y exóticas, pero con este mapa se tendrá la información técnica y científica, para orientar sobre las especies que se deben utili8zar en determinado lugar con base en el tipo de vegetación natural del área correspondiente”, detalla el contratista del MADS, quien asegura que actualmente se advierte este vacío de información.
“Si bien los institutos de investigación han generado documentos, estos no abarcan los diferentes tipos de asociaciones vegetales(tipos) que hay en el país, por lo que se vio la necesidad de empezar a contactar a estos institutos y articularlos, para revisar la disponibilidad de dicha información y con base en eso plantear la generación del mapa de vegetación, a escala fitogeográfíca, para establecer cómo están asociadas las plantas, los “parches” o combos que forman y, de esta manera, orientar estos procesos de restauración a diferente escala.
En ese sentido, el asesor Suárez destaca que con el mapa de vegetación no se hablará solo de la restauración de bosques de roble, sino también de las especies asociadas a este como los encenillos y los pinos colombianos.
“El mapa es un insumo académico para aquellas personas que requieran hacer restauración y para quienes quieran implementar sistemas sostenibles, teniendo en cuenta que en esos parches naturales se podrá encontrar especies multipropósitos -madera, alimentación, etc., con lo cual les podrá sacarles un mejor provecho sin degradar los suelos.
De igual manera, el profesional del MADS considera importante adaptar la riqueza natural del país a las nuevas condiciones climáticas, para lo cual el mapa resulta una herramienta fundamental.



Todas las posibilidades que ofrece la plataforma de Google Earth Engine y otras herramientas tecnológicas, permitieron desarrollar una novedosa metodología para precisar-determinar la distribución geográfica de la vegetación del país.
El biólogo, y magister en Geografía, Larry Niño, doctorando en Ciencias- Biología en la UNAL, y autor de la metodología desarrollada, explica que se trata de una aproximación tecnológica para estudiar y visualizar conjuntos de datos geoespaciales, que ha cambiado paradigmas en la forma como se acceden, procesan y analizan los datos provenientes de miles de imágenes satelitales.
Para obtener las imágenes multidimensionales en las que se fundamenta la cartografía del país se utilizaron tres sensores: dos, tipo radar, y uno óptico, los cuales proveen datos con distintas perspectivas para diferenciar y clasificar los tipos de vegetación, por medio de técnicas de inteligencia artificial, particularmente machine learning o aprendizaje de máquinas.
“Un radar de banda L nos da información sobre características físicas del terreno donde se desarrolla determinada vegetación, por ejemplo, qué tanta humedad presenta o qué textura tiene; el radar banda C, indica propiedades fisionómicas de la vegetación, como qué tan denso es un bosque o qué tan abierto un pastizal; y los sensores ópticos nos proveen la respuesta espectral diferenciada de la vegetación a longitudes de onda del espectro visible e infrarrojo”, detalla el biólogo Niño.
Estos tres tipos de imágenes proveen alrededor de 11 bandas o porciones del espectro electromagnético que permiten clasificar, según sus valores digitales, los distintos tipos de vegetación y su distribución en el territorio nacional.
La herramienta básica (protocolo de vegetación) presenta en tablas la información la vegetación caracterizada, especialmente por los biólogos, ingenieros forestales, geógrafos y ecólogos, sobre las especies de plantas que dominan en los diferentes tipos de vegetación y su área de distribución. “Lo que hacemos es diferenciar sobre el terreno los distintos tipos de vegetación a una escala mínima cartografiable de 5 hectáreas”, subraya el biólogo Niño, y agrega que de esa manera se determinan, por ejemplo, los cambios abruptos en la vegetación de la Orinoquia, donde se dan transiciones entre bosques y pastizales.
En cuanto al desafío espacial, se logran establecer límites que definen hasta dónde va determinado tipo de vegetación, de acuerdo con la información eco-geográfica recabada en campo. El mapa, entonces, muestra la distribución de las unidades vegetales, caracterizadas de acuerdo con las especies dominantes y con la semejanza en la composición de las unidades de muestreo. “Con base en esos datos tratamos de desentrañar los patrones que están en la superficie de la tierra”, enfatiza.
Estas nuevas tecnologías tienen evidentes ventajas sobre los métodos tradicionales, en los que se debían descargar las imágenes y luego sí procesarlas. Ahora, con el Cloud Computing, se puede acceder a las imágenes requeridas sin necesidad de descargarlas y trabajar con ellas casi en tiempo real.



Más del 70% de la vegetación natural(original) de la región Caribe ya no existe, según los datos recopilados que sirvieron para elaborar el mapa de la vegetación natural.
En la presentación del mapa correspondiente a la región Caribe, el biólogo John Infante, recordó que la temprana intervención del territorio y de los ecosistemas de una de las zonas más heterogéneas de Colombia en materia de paisaje y vegetación empezó a darse con los procesos de colonización que se impulsaron a lo largo de los ríos Magdalena y Cauca.
Según el magíster en Biología, esta región del Norte del país aparece en el mapa distribuida en varias subregiones que abarcan La Guajira, la Serranía del Perijá hasta la parte media del Cesar, la parte baja de la Serranía de San Lucas y el norte de la Cordillera Occidental hasta llegar a la jurisdicción de Turbo, en Antioquia.
En el contexto de la fisiografía del Caribe se diferencian tres sectores principales, las planicies, las zonas montañosas y un componente importante de humedales, tales como la Ciénaga Grande de Lorica, La Mojana, la ciénaga de Zapatosa y la ciénaga Grande de Santa Marta, que figuran entre las áreas que históricamente han sido más transformadas.

De norte a sur, la región desértica del Caribe, especialmente La Guajira, muestra a los matorrals dominados por elementos como “el trupillo”( Prosopis) a los cardonales dominados por especies de cactus (Stenocereus, Hylocereus). Otro elemento muy común en los parches de bosques ralos que se muestra en el mapa de vegetación es “el cañaguate o polvillo” (Handrohantus).
Ya en las planicies, se manifiesta el dominio del árbol conocido comúnmente como “caracolí” (Anacardium excelsum), el cual aparece a lo largo de los cuerpos de agua y en zonas húmedas en particular en las áreas de bosques de los Montes de María. Se distribuye igualmente en estribaciones de las cordilleras Central y Occidental.

Las unidades geomorfológicas de primer orden para la región Caribe incluyen a las sierras y serranías como la Sierra Nevada de Santa Marta, serranías de Abibe, San Jerónimo-San Jacinto, Luruaco y Ayapel, a las áreas planas con vegetación abierta “sabanas-sabanales”, las llanuras aluviales y a los complejos cenagosos de los ríos Sinú, San Jorge, Cauca, Magdalena, Ranchería y Cesar. También figura la “altillanura o altillano de Chimiquica”, que alberga sedimentos del Terciario, las capas de Zambrano y ocupa la depresión gravimétrica (cuenca de Plato) más pronunciada del Caribe.
Las ciénagas actuales provienen de antiguos sistemas de paleociénagas establecidas en el territorio desde el Plioceno tardío-inicios del Cuaternario (Jaramillo et al., 2012).
En la fisiografía de la región Caribe se diferencian las planicies, que son interrumpidas por macizos montañosos como la Sierra Nevada de Santa Marta y las serranías de Macuira en La Guajira; de San Lucas y San Jacinto, en Bolívar, y de Perijá, en Cesar y en La Guajira. Estos macizos ejercen un papel fundamental en la diferenciación climática a lo largo del gradiente topográfico que se genera y originan centros de concentración de lluvias que se apartan del patrón de la planicie.
Se podría afirmar que todo el territorio de los departamentos de Córdoba, Sucre y Atlántico presenta regímenes de lluvias del tipo unimodal-biestacional con la influencia marina. La mayor parte del territorio de los departamentos del Cesar y La Guajira y varias localidades de los departamentos de Bolívar y Magdalena presentan régimen de distribución bimodal-tetraestacional que se asocian con la cercanía o influencia de los macizos, Sierra Nevada de Santa Marta y las Serranías de Perijá, San Lucas y La Macuira.

En la zona Norte del Caribe se presentan climas árido, semiárido y semiseco que van disminuyendo hacia el Sur, donde se tornan en climas semi y ligeramente húmedo, húmedo y muy húmedo en localidades de los departamentos de Bolívar, Córdoba y Cesar (Rangel & Carvajal 2012).
En el ordenamiento eco geográfico de Rangel (2012) se consideraron las subregiones árido-seca, que incluye desde La Guajira hasta límites con los departamentos del Magdalena y del Cesar; zonas semihúmedas y húmedas, en localidades de los departamentos de Córdoba, Magdalena (Sierra Nevada de Santa Marta), Atlántico, Sucre y Cesar (serranía de Perijá); macizos, en la Sierra Nevada de Santa Marta, Serranía de Perijá; areas húmedas del Magdalena Medio Ciénagas del Caribe y zona húmeda-superhúmeda, del Sur de Córdoba.



La zona del Pacífico de Colombia, desde los límites con el Ecuador hasta el Urabá antioqueño incluye áreas de los departamentos del Valle, Cauca y Nariño en el Sur, y del Chocó y Antioquia en el Norte. En el mapa de vegetación se evidencia una pérdida de vegetación natural para toda la región de aproximadamente 18%; especialmente hacia el sur, donde el 34 % de la vegetación(áreas) ha sido transformada. En la subregión Chocó Norte, se ha perdido más cobertura original en los municipios de Unguía, Acandí, Turbo, Chigorodó, Apartadó, Carepa, Mutatá y Belén de Bajirá.
En la subregión Chocó Sur, la mayor transformación de vegetación natural se presenta en los municipios de Tumaco, El Charco, Guapi, La Tola y Buenaventura.
En el procesamiento y elaboración de aproximaciones cartográficas de la zona sur del Chocó Biogeográfico, a cargo de los ingenieros ambientales Noralba Carvajal y Fernando Jiménez, se utilizaron 521 puntos de muestreo, en los que se aprecian los manglares, en la parte costera, diferentes tipos de bosques de guandales en la llanura de inundación y palmares en terrazas y áreas de tierra firme. En el norte, a cargo del equipo de investigadores del Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico (IIAP), se llega hasta el Urabá chocoano y de Antioquia.
En comparación con las zonas Caribe y Andina, la vegetación del Chocó Biogeográfico se encuentra muy conservada, en particular en la zona norte.
Luchando contra el impedimento que representan las nubes en las imágenes satelitales, por la alta pluviosidad que caracteriza a esta zona, los dos integrantes del equipo de investigación del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), tuvieron que modificar el código de programación del programa Google Engine, para “despejar” la zona y facilitar la obtención de datos correspondientes a la zona sur del Chocó Biogeográfico.
“A medida que uno se va desplazando hacia el sur de Nariño, en límites con Putumayo, se observan más áreas intervenidas, hay más blancos y vegetación no natural, en contraste con la zona que se encuentra hacia el departamento del Chocó, que está más conservada”, detallan los investigadores.
En el sector sur (Valle del Cauca, Cauca y Nariño) se caracterizaron nueve formaciones a nivel de alianza fitosociológica y una muy particular de playa -a orillas del río-, presente en la isla Gorgona Dicha alianza se caracteriza por la presencia de un árbol conocido como majagua, bastante común en las playas de islas con árboles grandes y muy coloridos, especialmente adornados de flores amarillas, además de otras especies como Canavalia maritima “haba de bahía” o “haba poroto”).
En la isla Gorgona se encuentra una alianza que se caracteriza por la presencia del árbol conocido como majagua.
En los manglares del sur dominan dos especies (Rhizophora mangle y R. harrisonii), con diferente área de cubrimiento, en algunos casos en parches hasta de 250 hectáreas.
De igual manera, los ingenieros mencionaron que en la parte central, hacia el Cauca, se encontraron alianzas o tipos de vegetación más propias (mayor cubrimiento) en la zona norte, especialmente en las áreas que bordean los mangles, dominados por especies de Inga (guamo) y Pentaclethra macroloba (espadero).
No obstante, señalan que en comparación con las zonas Caribe y Andina, la vegetación del Chocó Biogeográfico se encuentra muy conservada, con una riqueza inmensa para preservar. Adicionalmente, se puede pensar en recuperar algunos de los parches transformados.
El director científico del mapa, profesor Orlando Rangel, presenta así la riqueza vegetal del Chocó Biogeográfico.


El subdirector de Investigación del Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico (IIAP), Giovanni Ramírez, destaca el mapa de vegetación natural realizado bajo la dirección del profesor Rangel del ICN, y los beneficios de esta nueva herramienta tecnológica, al momento de tomar decisiones sobre el manejo de la biodiversidad en el Chocó Biogeográfico, amenazada por 4 motores de destrucción.
Para el funcionario, la minería, la ganadería, la ampliación de la frontera agrícola y los cultivos ilícitos -los motores 4 de pérdida de la biodiversidad en zonas como el Chocó Biogeográfico- se pueden monitorear a tiempo con el mapa de vegetación natural elaborado por el ICN, bajo la dirección científica del doctor Jesús Orlando Rangel Ch., investigador y docente de esta institución de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).
Al expresar su satisfacción por formar parte del equipo investigativo encargado de la elaboración del mapa, el directivo habló de la importancia que representa para el país contar con esta nueva herramienta de monitoreo de la vegetación natural en todo el territorio nacional.
¿Qué significa este proyecto para la zona del Chocó biogeográfico que se ha dicho que siempre es muy frágil?
Giovanni Ramírez: El país estaba en deuda de generar una herramienta que permitiera conocer más allá de la biodiversidad, y en este caso de la flora, cómo funciona su vegetación en cada uno de los territorios; Colombia, siendo un país tan biodiverso, tiene condiciones muy especiales y el Chocó Biogeográfico no es la excepción.
Creo que hemos hecho un esfuerzo muy grande en el territorio, acompañados de conocedores de la biodiversidad del país, en este caso el profesor Jesús Orlando Rangel, uno de los máximos exponentes del conocimiento de la biodiversidad y de la vegetación en particular.
Nos hacía falta esa herramienta para tomar decisiones desde el sector ambiente, yo hago parte de uno de los 5 institutos del Sistema Nacional Ambiental (SINA) -IDEAM, instituto Sinchi, Alexander von Humboldt y el IAAP, que tiene jurisdicción en el Chocó Biogeográfico.
Las herramientas para tomar decisiones son muy limitadas, y en el caso de la vegetación, que se constituye en el esqueleto de los ecosistemas, el mapa nos permite acercarnos a temas de restauración, a saber cómo están nuestros bosques, como se comportan y, sobre todo, como usarlos de manera positiva. Es un punto de partida para hacer un muy buen uso de la biodiversidad en las regiones natruales del país.
¿Qué lectura preliminar de este mapa puede hacer Ud., cómo estamos en vegetación de esta región?
G.R.: Los estudiosos coincidimos mucho con los levantamientos del mapa, algunos fueron levantados por nosotros mismos, por el profesor Rangel. Pero la lectura que hacemos es que todavía tenemos una gran franja conservada que presenta sus asociaciones típicas, vemos con preocupación que en algunos puntos ha sido muy acelerado el proceso de transformación de ecosistemas y, en especial, la transformación del esqueleto vegetal. Por eso sentimos que en este momento el mapa nos permitirá llegar al buen ejercicio de aumentar el conocimiento sobre esta vegetación. Con las autoridades ambientales, se deben emprender ejercicios de conservación y mejorar las condiciones estructurales y así determinar cómo volver a los ecosistemas que tuvieron esas asociaciones y que pudieran incorporarse en el Plan Nacional de Restauración para que sigan prestando sus servicios ambientales.
¿En el mapa está toda la información requerida?
G.R: Si, esta herramienta nos presenta en positivo una radiografía con información más precisa sobre dónde están los problemas y las dificultades en el Chocó Biogeográfico, para promover ejercicios de mejora de estas condiciones.
Pero no todo es negativo…
G.R.: No, el mapa también nos muestra que hay un gran porcentaje de la zona que está en buenas condiciones.
¿Cuáles son las principales causas de pérdida de biodiversidad en el Chocó Biogeográfico?
G.R: A las actividades extractivistas como la minería, que es el principal motor de pérdida de la biodiversidad en el Chocó Biogeográfico, se suma la ampliación de la frontera agrícola, la ganadería y, en los últimos años, los cultivos ilícitos.
¿Qué zonas del Chocó Biogeográfico son las más afectadas?
El mapa muestra cómo el norte, que es la región del Darién y Urabá -de Antioquia y Chocó-, por todos estos motores, tienen problemas estructurales y han comprometido la vegetación típica.
Igualmente, en la zona sur, en el San Juan, debido a la minería, y también al sur, en Nariño y, específicamente, en Tumaco, Guapi Timbiquí, hay muchos problemas asociados con la minería. Ahí tenemos un panorama de puntualizar zonas, ver situaciones y tomar decisiones para hacer una gestión ambiental correcta.
Frente a su preocupación por las zonas degradadas, ¿cuáles son las principales amenazas?
G.R.: Primero, por no tener una herramienta, hay poca planificación del uso del territorio en sus atividades productivas, eso hace que grandes áreas muy sensibles, de asociaciones que solo se dan en ciertos espacios, se vean involucradas en cambios del uso del suelo.
¿Qué acciones han pensado para recuperar la vegetación y tratar de conservar lo que queda?
G.R.: Aquí hay que hacer un ejercicio de ordenar el territorio y luego planificar su uso. Hay que homologar las herramientas como el mapa y armonizarlas para tener una escala de detalle que nos permita tomar las mejores decisiones.
Desde el Instituto, buscamos poner cada cosa en su sitio, planificar, este es un territorio donde el 80% está titulado a comunidades negras e indígenas y esto hace que, en una mirada ordenada del mapa, podamos hacer esa línea de tiempo que nos ubique los elementos que tenemos en el territorio para su manejo, conservación y uso, a partir de su potencial, con el objetivo de no perder el capital natural ni la oferta que tienen estos ecosistemas en los servicios que prestan a las comunidades.
¿De quién dependería este compromiso de conservar, regenerar?, ¿quiénes son los dolientes del Chocó Biogeográfico?
G.M.: Esto tiene que ser una apuesta sectorial del SINA, porque muchas veces creemos que la responsabilidad recae solo en el MADS y no es así. Se trata de un sistema que desborda el MADS, incluye a las CAR, los institutos de investigación. En el caso del Chocó, compartimos nuestra jurisdicción con el Invemar, que también está asociado con franjas importantes como los manglares.
Creo que una combinación de responsabilidades podría hacer que nosotros tuviéramos elementos para una adecuada gestión, luego una posición de país que tenga una mirada multisectorial. Necesitamos, por ejemplo, que el Ministerio de Agricultura sepa qué hacer; que el Minminas también sepa cómo desarrollar minería sostenible en el territorio, que las mismas autoridades encargadas de las obras de infraestructura se pongan de acuerdo.
La responsabilidad central es del SINA y luego es necesaria una articulación intersectorial que permita una gestión adecuada, tanto de la vegetación como de los servicios ecosistémicos que se prestan.
¿Cómo fue la experiencia para llegar al mapa de vegetación natural?
G.R.: Este ejercicio no fue muy fácil, porque tiene muchísimos elementos que inciden, creo que no había mejor coordinador que el profesor Rangel, por su amplio conocimiento del territorio.
El mapa es un punto de partida, una base muy importante, el país no contaba con esta herramienta, tomamos todo el legado que han dejado los estudiosos de la vegetación, para saber qué teníamos y qué tenemos ahora para el desarrollo adecuado de la gestión ambiental.
Creo que desde el Chocó Biogeográfico nosotros tenemos mucha tranquilidad por este ejercicio que nos sorprende en algunas situaciones que no creíamos que estaban tan marcadas en el territorio, pero también nos da la tranquilidad de que tenemos un amplio territorio conservado y que en los bosques tiene posibilidades para generar un desarrollo y combatir la pobreza propia de esta región.



La sistematización y la representación cartográfica de la información sobre las unidades de vegetación de la Orinoquia y la región Andina (cordillerana), permitió establecer que el 46 % de territorio de la región Andina y el 73 % de la Orinoquia todavía se encuentran cubiertas por vegetación natural.
La Orinoquia o región de los Llanos Orientales, comprende desde el piedemonte de la cordillera Oriental en el Oeste, hasta el río Orinoco al Este, y desde el río Guaviare al Sur hasta los ríos Arauca y Meta en los límites con Venezuela, al Norte. Las formaciones vegetales establecidas en la Orinoquia de Colombia (Rangel & Minorta, 2014), incluyen: Palmares con especies que pueden alcanzar más de 25 m de altura, preferentemente se disponen sobre sitios con buen contenido de agua en el suelo. Cuando se comparte la dominancia con otras especies arbóreas (no palmas) se considera un palmar mixto. Los bosques altos -vegetación con un estrato de árboles mayor de 20 m de altura y los matorrales o matas de monte, con elementos tipicos como el chaparro (Curatella americana) y el peralejo (Byrsonima crassifolia). Estos tipos de vegetación son mas frecuentes en los paisajes de la altillanura.
En los mapas figuran las representaciones de 24 alianzas/formaciones de bosques con una extensión aproximada de 7,4 millones de hectáreas, donde predominan los bosques mixtos de la alianza Attaleo maripae – Iryantherion laevis que agrupa bosques y palmares, equivalentes al 49 % de las áreas boscosas.

En cuanto a los pastizales naturales, se diferenciaron 20 alianzas/formaciones en cerca de 9,6 millones de hectáreas, las cuatro unidades con mayor extensión, con el 45 % de los pastizales, corresponden a los de Paspalo pectinati – Axonopodion aurei, los de Axonopodo aurei – Trachypogonion spicati, los de Paspalion carino – pectinati y los de Rhynchosporo barbatae – Axonopodion ancepitis. Hay una mayor variedad de pastizales en la llanura aluvial.
Paisajes de la Región Andina
Cubre desde los 0-100 m hasta el nivel inferior de las nieves perpetuas. Las diferentes franjas o subregiones tienen patrones físicos (temperatura, precipitación) claramente definidas e igualmente las comunidades bióticas. La franja inferior o región tropical que se extiende hasta los 1100 m de altitud, muestra bosques dominados por especies de Fabaceae, particularmente de los géneros Inga (guamos), Cassia, Albizzia y de Moraceae de los géneros Brosimum y Ficus. La región subandina entre >1100-2200 m es el asiento del cinturón cafetero, ha sido muy transformada pero aún se conservan bosques especialmente en las vertientes expuestas hacia el Magdalena y hacia el río Cauca, dominados por el roble Quercus humboldtii y especies de Lauraceae de los géneros Ocotea, Persea y Nectandra (aguacatillos). La franja andina llega hasta los 3100 m (3500 m) y alberga variados tipos de bosques como los encenillares (dominados por especies de Weinmannia) y palmares mixtos con abundancia de palmeras de los géneros Wettinia y Geonoma. En la extensa región fueron cartografiadas 52 alianzas/formaciones con diferentes tipos de bosques, en un área aproximada de 13,5 millones de hectáreas, las cuatro unidades boscosas con mayor extensión, con el 44 % de los bosques andinos, corresponden a aquellos agrupados en las formaciones (alianzas fitosociológicas) Chamaedoreo pinnatifrondis – Sloaneion brevispinae, los bosques de Calatolo costaricensis – Wettinion kalbreyeri, de Billio roseae – Quercion humboldtii y de la formación (alianza) Wettinio fascicularis – Colombobalanion excelsae.

En los macizos montañosos por encima de 3100 m cuando empieza a cambiar la distribución de los bosques andinos y aparecen tipos de vegetación como frailejonales, pastizales, matorrales, se entra al dominio de los páramos. El área de extensión puede alcanzar el límite inferior de las nieves perpetuas en macizos montañosos con altitudes superiores a los 4600 m.
En la región paramuna se diferenciaron 48 alianzas/formaciones en una extensión aproximada de 1,7 millones de hectáreas, con predominio de tres formaciones que representan 40 % de vegetación propia de la región, los frailejonales-pajonales agrupados en la alianza Espeletio colombianae – Calamagrostion effusae, los matorrales del Acaeno elongatae – Hypericion phelli y los pajonales del Calamagrostio bogotensis – Arcytophyllion nitidi


El Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia (SIB) es una plataforma que alberga millones de datos sobre la fauna y la flora del país, los cuales pueden ser consultados de manera libre y gratuita.
Este portal, cuyo objetivo es consolidar el inventario sobre la biodiversidad del país, hoy cuenta con un registro aproximado de 20 millones de datos sobre flora y fauna, es administrado por el instituto Alexander von Humboldt, pero también participan todos los institutos de investigación del país, entre ellos el Instituto de Ciencias Naturales (ICN), de la Universidad Nacional, y los institutos de investigaciones del Pacífico (IIAP), el de investigaciones de la Amazonia, Sinchi, el de Estudios Meteorológicos y Ambientales (IDEAM) y el Instituto de Investigaciones Marítimas (Invemar), entre otros.
Adicionalmente, comparten información con organizaciones no gubernamentales, empresas y universidades, que envían datos de sus investigaciones para contribuir con el inventario nacional y están adscritos a la Global Biodiversity Information Facility (SGIB), una organización internacional que proporciona acceso abierto y gratuito a datos sobre cualquier tipo de forma de vida registrada en la Tierra.

Del total de registros, los más grandes corresponden a aves, con alrededor de 11 millones, lo que hace que seamos catalogados como el país con mayor diversidad de estas especies. En materia de fauna en general, el SIB cuenta con 70.000 registros, aunque el reto es llegar a las aproximadamente 200.000, que es el estimativo para el territorio colombiano, según advierte el ingeniero Ricardo Ortiz, quien forma parte del equipo coordinador de este sistema, que califica como una “red de redes”.
La red del SIB ha venido creciendo, especialmente desde 2012, cuando se cambió el modelo y hoy se cuenta con más de 190 organizaciones que publican información en esta plataforma, que primero verifica la información antes de publicarla.
Equipo coordinador del SIB, compuesta por 4 líneas: cooperación, tecnologías de información, productos y servicios, y el último, equipo de administración y contenidos.
Datos a la vista
Por su parte, el director del SIB, Dairo Alexander Escobar, explica que el sistema facilita el uso de datos de manera libre y gratuita, con una gobernanza colegiada con institutos SINA, dirección acompañada por MADS, UNAL y Parques Nacionales Naturales, es un sistema compartido.
El instituto Humboldt tiene la secretaría técnica para asegurarse que el sistema opera de manera correcta, explica el funcionario, quien destaca el modelo del SIB, toda vez que se trata de una publicación que “ofrece la posibilidad de que diferentes tipos de datos que se generan en el país en distintos escenarios puedan ser compartidos”.
Y agrega que en el caso del mapa de vegetación se encontró una oportunidad para que por primera vez un proyecto respaldado por el MADS, pudieran compartir los datos que sirvieron como insumo para el mapa dirigido por el profesor Orlando Rangel. “Esas tablas fueron homologados a los estándares del SIB Colombia, para que la comunidad interesada tenga la oportunidad de conocer el dato primario, que sirvió para usarlo en esta metodología”.
El funcionario señala que la inclusión de datos sobre el mapa también sirvió para que los institutos liberaran información asociada con investigaciones sobre la vegetación y que antes no se había divulgado por diferentes obstáculos, ya sean técnicos o de carácter presupuestal.
Con la inclusión de los datos primarios para la elaboración del mapa se buscó permitirle a la comunidad tener un universo de información mucho más amplia sobre la vegetación del país, sostiene Escobar.

“El ejercicio de consulta es muy intuitivo, en el portal SIB –biodiversidad.co-, es posible buscar los diferentes conjuntos de datos, los mapas están a nombre de la UNAL, como entidad que lideró el proceso, es muy fácil acceder a ellos y descargar los diferentes conjuntos de datos, funciona de manera similar a las consultas de revistas tradicionales.
En el marco del proyecto, en el portal del SIB se publicaron más de 63.000 registros biológicos, incluyendo los de levantamiento, hay un enlace directo a la consulta donde están conjuntos de datos disponibles -son 15 conjuntos de datos- que pueden ser consultados en formato tabla, un formato muy familiar para académicos y científicos, concluye.
